COLUMNISTAS

Una marcha con clase

 

Por Ángel Álvaro Peña

La marcha de la ciudad de México y 14 ciudades del país, más allá de la guerra de cifras sobre el números de asistentes, debe verse cómo la expresión de inconformidad de una clase social definida como tal, aunque diversa en su interior. Es decir, salió a la calle una clase media que ni es rica ni es pobre, ni está lo suficientemente informada ni está completamente manipulada. Es decir, una media clase social.

Esa clase social no es representativa del país, sólo se representa a sí misma, y no sólo por sus características propias sino por su individualismo, que en algunos casos le dicen aspiracionismo y es, por lo regular, la clientela de los partidos de derecha, como el PAN, que sin propuestas concretas convence de la ineficacia de otros partidos, pero oculta muy bien sus eficacias.

Si esa misma clase media hubiera conocido el hecho de que el Presidente de la República adquiriera, con dinero público, un seguro de gastos médicos hasta 2026, siendo que él abandona el cargo en 2024, ya hubiera puesto el grito en el cielo: es exactamente lo que hizo Lorenzo Córdova, presidente consejero del INE, pero nadie se lo reclama; al contrario, lo festejan, lo defienden y lo cobijan en sus consignas callejeras.

 

 

Más de la mitad de los manifestantes gana menos de 300 mil pesos al mes; sin embargo, defienden el salario de los consejeros electorales, que supera esa cantidad, más otras canonjías como 15 mil pesos mensuales para comidas, cantidad ésta, que buena parte de los mexicanos no la gana.

Esto quiere decir que quienes salieron a las calles a defender al INE del fantasma del comunismo, de la proximidad con Venezuela o Cuba tenían poca información sobre lo que hacían. Porque ellos salieron a las calles en defensa de un INE que nadie quiere desaparecer. El INE ha tenido muchas reformas y nadie ha dicho nada.

Así, en los últimos años hubo reforma a las llamadas reformas estructurales, como la energética y ninguno de ellos salió a las calles a defender a Pemex, empresa que costó mucho trabajo, sacrificio, muertes y detenciones sacar adelante. Tampoco salieron a las calles a defender a la Secretaría de Educación Pública, cuando se trató de hacer una reforma educativa en el sexenio pasado, a pesar de que en la historia de esa institución estuvieron presentes personajes de derecha como José Vasconcelos y Justo Sierra. Nadie salió en defensa de los bancos cuando se privatizaron.

 

LA MANIPULACIÓN 

Aquí estamos hablando de manipulación. De verdades a medias y mentiras bien planeadas, porque quienes marcharon lo hicieron pensando que salvaban la democracia cuando en realidad lo que hicieron fue fortalecer una burocracia dorada que vive como monarca en un país cuya pobreza ha sido un problema de siglos y cuando se trata de reducirle sus privilegios inventan que quieren destruir al INE y acabar con la democracia. Lo peor es que hay gente que les cree.

Quienes marcharon en las calles no representan a la sociedad mexicana, se representan a sí mismos y le hacen el juego a los oligarcas dela burocracia apoyando que no se realice al reforma electoral que nada tiene que ver con la desaparición de la democracia ni la destrucción del INE. Si a esto acumulamos un cálculo, que arroje un porcentaje de ellas que hayan leído la iniciativa de reforma encontramos que ni siquiera llega al cinco por ciento de los asistentes.

Aquí cabe destacar que no fue la sociedad la que se manifestó, sino un fragmento de la comunidad mexicana que fue usada, engañada y hasta manipulada ante la carencia de un conocimiento más profundo de la realidad política del país.

 

 

Si algo tuvo de positivo esa marcha fue que una clase social que no estaba acostumbrada a levantar la voz, tomó las calles y empieza el proceso de concientización sobre una realidad en la que siempre debió haber participado porque es parte de su vida. Esa clase política que anteriormente se mostraba apática a la política ahora sabe, aunque sea por rumores o mentiras, que es necesario que se incorpore al ejercicio político porque de su participación depende la democracia.

Aunque nadie puede negar que a la expresión limpia de una clase media que se estrenaba en las calles para dar a conocer su s inquietudes, se sumaron los que en realidad organizaron dicha manifestación que fueron los partidos políticos, porque ahí estuvieron Vicente Fox, Alito Moreno, Carolina Viggiano, Marco Cortés, así como legisladores y líderes de partidos políticos, aunque la presencia de ninguno de los once consejeros electorales brilló por su ausencia, tal vez por temor a no ser tan bien revividos como ellos esperaban.

Qué mejor defensa de la democracia que participando en la vida política más allá del voto que es la mínima expresión de la vida política de los mexicanos. Salir a las calles significó darle aire a las ideas y pensamientos que se quedaban en los cafés y en las sobremesas familiares.

Esa clase media que salió por primera vez a las calles fortaleció la democracia desde el momento en que sus pies tocaron las banquetas, esa fue la mejor defensa a una democracia que todos los días cambia, se transforma sistemáticamente, y que es la razón por lo que debe haber reformas electorales siempre. Nunca las leyes de ningún país inamovibles, y menos aún las leyes electorales que precisan el ejercicio democrático de un país. Las reformas no se hacen para volver al pasado sino para hacer más legal el futuro.

La aparición de la clase media en las calles es un factor político-electoral nuevo en la historia de México, surgido de una informidad que real o ficticia se expresa, razón por la cual es necesario tomarla en cuenta en la reforma electoral. La simple presencia en las calles de este sector de la población es motivo suficiente para una Reforma Electoral.

 

PEGA Y CORRE

La derrota electoral en el Edomex es percibida como una desaparición de la entidad, de tal suerte que el PRI anunció que creará un movimiento incluyente para defender el estado, luego de que un diario de circulación nacional diera a conocer que las encuestas están a favor de Morena en dos a uno.

 

 

Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes

 

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