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Sin límites

 

Por Ricardo Homs

De gran trascendencia el articulo publicado por Leonardo Kourchenko en El Financiero el 29 de septiembre pasado.

Describe una reunión secreta convocada por el presidente López Obrador con la asistencia de los 21 gobernadores morenistas, el secretario de gobernación y un reducido grupo de asesores, aunque deja entrever que quizá también participó un selecto grupo de legisladores que gozan del favor y la confianza del presidente por su lealtad incondicional.

En este artículo Kourchenko destaca lo más relevante de la reunión, -que incluso es el título de su artículo-, la instrucción que el presidente dio a los asistentes: ganar la elección del 2024 “Cueste lo que cueste”.

Sustentando nuestro comentario en el artículo de Kourchenko, nos alarma la ambigüedad de esta frase atribuida al presidente, -“cueste lo que cueste”-, que en boca del jefe supremo de las instituciones republicanas representa una autorización expresa a violar la ley, pero expresada de forma implícita sin asumir él, de forma personal ni institucional-,  los riesgos de esta autorización, trasladando a los gobernadores la responsabilidad de las consecuencias si fuesen descubiertos infringiendo la ley electoral.

Es la aplicación demoledora de “el fin justifica los medios”, frase atribuida a Nicolás Maquiavelo.

Lo preocupante es que esta instrucción presidencial no define alcance ni límites.

¿Contempla robo de urnas, alteración y sustitución de boletas?… ¿Participación de la delincuencia organizada aplicando violencia física?… o incluso ¿Participación de las fuerzas armadas?

Es fácil dar instrucciones ambiguas, que, sin embargo, representan una orden sugerida sin responsabilidad para quien ordena. Es parte de la ambigüedad del manejo lingüístico del doble sentido, este recurso de “te lo digo así, pero es tu interpretación… y si me cuestionan por mis palabras, yo no dije que se actuase al margen de la ley”.

Por ello es tan importante entender nuestra idiosincrasia, para comprender los significados.

Entendamos que el mexicano ha creado un metalenguaje que no se sustenta en las palabras, sino en las intenciones y los indicadores no verbales, que se interpretan y decodifican a partir de la intuición como una herramienta fundamental.

La política mexicana está llena de simbolismos y prácticas que nos refieren a una complejidad emocional, pues la subjetividad es la esencia de los rituales.

La elegancia de las palabras, -contrastada con la frialdad y contundencia de las instrucciones-, fue uno de los rasgos de personalidad de don Fernando Gutiérrez Barrios.

Quienes trabajaron con él de forma cercana, -en calidad de subordinados-, sabían que al escuchar la frase “Hágase lo conducente”, era una instrucción con carta abierta para actuar según su criterio personal, pero asumiendo responsabilidades.

Don Jesús Reyes Heroles, otro ilustre político veracruzano-, -igual que Gutiérrez Barrios-, dejó una frase que resume esta forma de hacer política a la mexicana: en política la forma es fondo.

Sin embargo, esta cultura política, -cien por ciento priísta-, se perdió a partir de la llegada del presidente Vicente Fox, hombre pragmático llegado del sector empresarial.

Hoy, veintidós años después de la transición democrática en que el PRI tradicionalista, -regido por una liturgia política llena de simbolismos-, vuelve a resurgir personificado en el presidente López Obrador.

Por tanto, esta frase que destaca Kourchenko, “Cueste los que cueste”, nos debe alertar por tratarse de una carta abierta para que cada gobernador aplique su propio criterio al margen de la legislación electoral y a costa de la democracia que él, -mientras fue oposición-, tanto defendió.

 

 

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