La Presidenta mira al pasado para defender el presente
ALMA GRANDE
Por Ángel Álvaro Peña
A dos años de su triunfo electoral y a 20 meses de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum eligió una estrategia que se ha convertido en sello de la Cuarta Transformación: contrastar el presente con el pasado. No fue un informe centrado únicamente en cifras económicas o programas sociales; fue también un ejercicio de memoria política.
Desde la Ciudad de México, con enlaces simultáneos en todo el país —incluido Veracruz—, Sheinbaum defendió los resultados de su administración y los presentó como evidencia de que el modelo impulsado por Morena funciona mejor que el aplicado durante los 36 años que el oficialismo identifica como etapa neoliberal.
La Presidenta no se limitó a presumir indicadores económicos. Recordó episodios polémicos de gobiernos anteriores, como la represión en San Salvador Atenco durante el sexenio de Vicente Fox o el operativo “Rápido y Furioso”, implementado durante la administración de Felipe Calderón. El mensaje fue claro: para la actual administración, los números económicos son importantes, pero la legitimidad de su proyecto también se construye a partir de la comparación histórica.
En términos políticos, la fórmula tiene sentido. Morena entiende que una parte importante de su fortaleza electoral proviene de mantener vigente la narrativa de un país dividido entre dos modelos: el que gobernó antes de 2018 y el que inició con Andrés Manuel López Obrador. Por ello, cada informe se convierte en una disputa por la interpretación de la historia reciente.
Los datos que destacó Sheinbaum tampoco son menores. Un desempleo de 2.5 por ciento, según cifras del INEGI, una moneda fortalecida frente al dólar y niveles récord de inversión extranjera son indicadores que cualquier gobierno presumiría. Sin embargo, la pregunta relevante no es si existen avances, sino cómo los perciben los ciudadanos en su vida cotidiana.
Porque mientras las estadísticas pueden mostrar una economía estable, millones de familias siguen enfrentando el incremento en costos de vivienda, servicios y productos básicos. Ahí radica el desafío para la Presidenta: convertir los indicadores macroeconómicos en bienestar tangible para la población.
En Veracruz, donde simpatizantes y militantes se congregaron en el Malecón para seguir el mensaje presidencial, quedó claro que el movimiento mantiene capacidad de movilización y una base política sólida. La presencia de la gobernadora Rocío Nahle en el enlace nacional también reflejó la estrecha coordinación entre los gobiernos estatal y federal.
La verdadera prueba, sin embargo, no será la comparación con el pasado. Después de casi ocho años de gobiernos de la Cuarta Transformación, cada vez será más difícil explicar los pendientes recurriendo únicamente a los errores de administraciones anteriores. La ciudadanía comienza a exigir respuestas sobre el presente y expectativas para el futuro.
La batalla política de Sheinbaum ya no consiste solamente en demostrar que es distinta a los gobiernos neoliberales. El reto será convencer a los mexicanos de que los resultados que hoy presume pueden sostenerse y profundizarse en los próximos años. Porque la historia ayuda a ganar elecciones, pero son los resultados los que terminan definiendo los gobiernos. Está columna se publica los lunes, miércoles y viernes.


