COLUMNISTAS

La crisis de liderazgos sociales y políticos

Por Ricardo Homs

Es una verdad incuestionable que en este mundo convulso que nos está tocando vivir hay una crisis de liderazgos sociales y políticos, ocasionada por la pérdida de credibilidad y confianza en quienes hoy ejercen poder político, principalmente.

La ciudadanía le ha perdido respeto y confianza a quienes hoy encabezan las instituciones públicas, -tanto del ámbito gubernamental-, como social.

La pregunta que debiésemos hacernos es: ¿qué se ha quebrado?… ¿Qué originó esta debacle que nos está llevando a conflictos insospechados?

Es incuestionable también que esta ruptura tiene que ver con la pérdida de autoridad moral.

Si usted está pensando en México, tiene razón, pues éste es hoy nuestro conflicto cotidiano. En todas las encuestas de confianza los políticos están en lo más bajo del ranking de aprobación ciudadana. De escándalo en escándalo se deteriora lo poco que queda de confianza en ellos.

Hoy las campañas electorales y las discusiones legislativas no son competencias honorables, sino conflictos que parten de la estrategia de ensuciar la reputación del contrario. Hoy las campañas no las gana el mejor, sino el menos peor de los contendientes, quien quedó menos dañado después de la exhibición mediática y en redes sociales de información moralmente cuestionable identificada en su ámbito personal y en su vida pública y privada. La tradicional secrecía de la vida privada hoy ya no existe

Al candidato menos dañado la autoridad electoral le levanta el brazo como triunfador, aunque también esté con una reputación desfalleciente, que le impedirá gobernar con holgura.

Sin embargo, sólo manipulando la confianza pública con chantaje emocional y apelando a rencores inconscientes y añejos, -así como a estrategias de confrontación de fuerte hedor ideológico-, se puede alcanzar la aprobación de los sectores menos informados de la sociedad, que en este país son mayoritarios. Por ello, en estos casos las estadísticas publicadas suelen ser reales.

El resultado de esta crisis de liderazgos es un país con una gran crisis moral que ya impacta a la sociedad, que además está totalmente dividida y confrontada.

Sin embargo, este es un problema global.

Cuando la fiscal general de Nueva York, -Letitia James-, presentó hace unos días una demanda por fraude al expresidente y posible precandidato a la presidencia de Estados Unidos Donald Trump, acusándolo a él, a sus hijos y a sus empresas de inflar en miles de millones de dólares el valor neto de sus activos, surge la pregunta: ¿Con qué autoridad moral encabezó el presidente Trump el sistema tributario de su país para obligar a los demás ciudadanos norteamericanos y a las empresas a pagar correctamente sus impuestos?

Estas incongruencias debilitan cualquier liderazgo y hoy están en todas partes.

Lo que hoy sucede es que en México y el mundo el contexto social y político cambió. La tecnología hoy permite escudriñar la vida pública y privada de los líderes y de cualquier persona. Cualquier hacker puede seguir la pista de nuestras vidas y nuestros asuntos. Sin embargo, la de las figuras públicas siempre despierta curiosidad y morbo.

Por ello millones de dispositivos móviles con cámara y acceso a redes sociales en todo el mundo mantienen sobre vigilancia continua a las figuras públicas que ejercen liderazgo.

Muy difícil ocultar el pasado en esta era de la transparencia.  La parte moralmente cuestionable de la conducta de cualquier persona poderosa hoy se convierte en la debilidad que le destroza la reputación y con ello, su credibilidad, que es el eje del liderazgo.

Por tanto, hoy nos encontramos en una crisis de liderazgos. Es evidente que vivimos una transición entre un mundo caracterizado por la opacidad, -como era el previo a la irrupción de la tecnología digital, la Web y las redes sociales- y el de hoy, caracterizado por una exigencia de transparencia.

Hoy no se puede ejercer un liderazgo poderoso si no se tiene un pasado incuestionable y transparente.

Todo lo anterior nos lleva a concluir que esta transición está a la espera de las nuevas generaciones de líderes, que por su edad aún no han tenido tiempo de ensuciar su reputación con conductas inmorales, corrupción, negocios turbios o alianzas con la delincuencia.

Seguramente cuando empiecen a llegar líderes fuertes, -con una reputación sólida que les otorgue autoridad moral-, es que rescataremos la credibilidad y la confianza en las figuras públicas que ejercen liderazgo social y político.

El reto que tenemos que asumir es estar cerca de esta generación, concientizándoles de estos nuevos condicionamientos sociales que impactan la credibilidad y la confianza.

Con esta visión es que un grupo de amigos hemos asumido el reto de tratar de participar en la formación de las nuevas generaciones de líderes y por ello hemos fundado el Instituto de Liderazgo Social A.C.

Este instituto fue fundado en 2021 con el compromiso de formar líderes jóvenes con una visión ética y de compromiso social, que a lo largo de todo el país impulsen proyectos en sus comunidades, a fin de construir el México que todos queremos.

Este pasado sábado 24 de septiembre se llevó a cabo el lanzamiento nacional de este instituto desde el Teatro Fernando Gutiérrez Barrios, de Boca del Río, Veracruz, a partir de un seminario titulado “Liderazgo público en la era digital” con la asistencia de casi cuatrocientos jóvenes que manifestaron vocación de servicio a favor de su comunidad y se inscribieron.

Los promotores de este proyecto fuimos Juan Pablo Castañón, -quien quedó a cargo de la presidencia-, Ricardo Homs, presidente ejecutivo y responsable de la operación y Carlos Chávez de Icaza, presidente de relaciones institucionales. Como director ejecutivo fue nombrado Agustín Arcos Gamboa.

Juan Pablo Castañón fue presidente nacional de Coparmex y posteriormente, -a inicios de este sexenio-, encabezó el Consejo Coordinador Empresarial.

Además, este instituto está forjando una alianza para sumar esfuerzos y ampliar su capacidad de impacto público, con la “Escuela de Ciudadanos”, recién formada por el influencer Max Káiser.

Este instituto, -totalmente ciudadano, sin fines de lucro y sin compromisos políticos ni partidistas-, ha centrado su objetivo en quienes están en el rango de edad de entre 20 y 35 años.

De este modo ofrecerá seminarios gratuitos a estos jóvenes a lo largo de todo el país y además, un programa de actualización posterior, -sobre temas especializados-, donde contará con la participación de especialistas de reconocido prestigio nacional y alta credibilidad. 

 

 

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