COLUMNISTAS

Arresto improbable

 

Por Jessica Woolrich

El 17 de marzo se dio a conocer que la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya en Países Bajos, había emitido una orden de arresto en contra de Vladimir Putin y Maria Alekseyevna Lvova-Belova  por atribuírseles el traslado ilegal de niños en Ucrania, y a raíz de esta noticia muchos creyeron que era el primer paso para lograr el fin de la guerra, pero desafortunadamente está noticia no tiene una gran repercusión, ya que la detención no puede llevarse a cabo en ningún país que no sea un estado miembro del Estatuto de Roma, que es el que rige a la Corte, ni tampoco en un país que no reconozca la jurisdicción de la misma.

 

 

Y en éste caso, Rusia no es un país miembro por lo que no está obligado a entregar ni permitir el arresto de su Presidente, y además Ucrania nunca reconoció la jurisdicción, por lo que en caso de que por alguna razón, Putin acudiera a Ucrania tampoco podría ser arrestado. Y evidentemente cómo está la situación, se ve imposible que Putin pueda visitar en estos momentos alguna nación en donde corriera el riesgo de ser apresado, lo que hace que su detención sea prácticamente imposible.

Es que si bien la mayor parte de los países del mundo ven a la Corte Penal Internacional como un organismo importante al que respetar y obedecer, hay otras naciones para las que sus decretos y órdenes son prácticamente papeles sin importancia que no les afectan para nada, y además como la Corte Penal Internacional, a diferencia de la Corte Internacional de Justicia que depende de la ONU, ésta sí no puede iniciar ningún juicio sin la presencia del acusado, por lo que en muchos casos como en éste, sus anuncios y sos órdenes de aprehensión, no son más que notas informativas que llenan las páginas de los periódicos, pero que en la vida diaria de los países afectados, en éste caso Ucrania, no tienen ninguna repercusión por lo que los crímenes por lo que se les acusan, suelen seguir ocurriendo sin que nadie pueda hacer algo al respecto. Lo que evidencia como dice Paul Aster; “Si la justicia existe, tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justicia”.