MEDIACIONES
Por: Zaira Rosas
Han pasado casi 3 horas desde que las primeras personas llegaron al recinto esperando que las luces se apaguen y ante el mínimo cambio en la atmósfera los gritos se incrementan anhelando que todo se oscurezca, aumente el sonido de las bocinas y se abra el telón, a simple vista es como cualquier otro concierto, miles de fans reunidos para ver a su artista favorito, pero en esta ocasión hay mucho más, no se trata solo del homenaje que se rinde a Rosalía con tan solo el vestuario construido alrededor de su estética e imaginario, esto se ha visto antes, hay más, es la diversidad de audiencias donde acuden niños, jóvenes y personas mayores a entonar las letras más conceptuales que he podido escuchar.
Rosalía es una motomami, como ella misma se hizo llamar tiempo atrás, pero ahora podemos verla en el papel de Santa, entonando ópera y cantando en más de 13 idiomas, ¿qué tiene esta composición que la vuelve tan especial?, sin duda la investigación que hizo para llegar a Lux, es impresionante y aunque pueda o no gustar, lo cierto es que hay algo que cautiva, comenzó con Berghain que dio mucho de qué hablar por el cambio de ritmo al que nos tenia acostumbrados, después la crítica al verla cantar ópera y la admiración por la mezcla de sonidos e idiomas, hasta llevarnos incluso a la sorpresa visual con la aparición del videoclip.
Con “La perla” fue inevitable corear una y otra vez lo que las mismas plataformas digitales volvieron una tendencia, sin embargo, el resto de las canciones van a un aspecto más profundo, sin importar de qué idioma escuchemos, sabemos que la música nos está transportando a otra dimensión, la misma que Rosalía quiso experimentar en su búsqueda no solo de un Dios, sino de la espiritualidad y ese mismo camino me llevó a estar sentada con múltiples generaciones a mi alrededor mientras todos admirábamos a una misma artista bajo distintas perspectivas.
No me considero una fiel seguidora de Rosalía, pero sí una admiradora de lo que ha logrado en su trayectoria, de la capacidad creativa y la intelectual, que le permitieron crear una obra viviente en este último material discográfico y el tour que le acompaña, verla salir al escenario es un deleite visual pues cada canción va acompañada de la escenografía y luces necesarias para vivir cuadros creados por artistas como Degas, Goya, Velázquez e incluso experimentar el fenómeno de Leonardo da Vinci alrededor de sus obras.
Puedes o no tener contexto de la historia del arte y aún así tener la certeza de que el Lux tour es en sí mismo una obra de arte, la misma Rosalía ha compartido sus referencias detrás de este museo en movimiento e incluso ha incorporado piezas populares que se vuelven un referente claro en América Latina como es el caso de Paquita la del Barrio, pero sin duda la conexión más profunda llega con las múltiples representaciones divinas, si bien vemos a Dios desde un punto claro de cristianismo, también conecta otra diversidad con la búsqueda de sentido, un amor supremo y la necesidad de saber que hay algo más.
Y es ahí donde todo cobra sentido, no se trata de una religión, sino del vacío que colectivamente hemos sentido, de la búsqueda de un cobijo que clarifique lo que ocurre alrededor y quizás aquí Rosalía puede ser un referente que va más allá de la cultura pop, con todo y los errores que pueden desembocar en cancelación, se atreve a crear algo distinto, auténtico, que termina conectando con múltiples generaciones.
En un mundo donde las tendencias pesan y determinan mucho de nuestra ideología, hablar de Dios o algo supremo también es rebeldía, en medio de espacios digitales volver a lo clásico y combinarlo con ritmos electrónicos para posicionarse en la lista de más escuchados, es un desafío y atreverse a crear con tiempo pese a estar en un mundo que demanda rapidez y compite constantemente con entornos como la inteligencia artificial, es un recordatorio de la verdadera obra de arte detrás de ser perfectamente humanos.
Esta no es una oda al trabajo de una trayectoria de la cual conozco poco, tampoco es una invitación a escuchar su discografía si no se desea, pero sí es una invitación a cuestionar nuestras creencias, talentos y revisar ¿qué hacemos de todo ello? ¿Cuánto estamos perdiendo por limitarnos a vivir desde un molde, cuando quizás nuestra capacidad va mucho más allá de los límites que hemos imaginado?
