Miles no entrarán, pero ninguno debe rendirse
Cada año, miles de jóvenes depositan sus sueños en un examen de admisión. Durante meses estudian, sacrifican tiempo con amigos y familia, soportan nervios y construyen una esperanza que parece resumirse en una sola pregunta: ¿me quedaré o no?
Este año, 44 mil 377 aspirantes buscan un lugar en la Universidad Veracruzana. Sin embargo, la institución dispone de 20 mil 955 espacios. La matemática es simple, pero la realidad es dolorosa: más de 23 mil jóvenes quedarán fuera, no necesariamente porque les falte capacidad, talento o ganas de superarse, sino porque simplemente no existen suficientes lugares para todos.
Por eso, cuando lleguen los resultados en julio, quienes no aparezcan en las listas deben recordar algo importante: un examen no define su valor como personas ni determina su futuro profesional.
Es válido sentirse triste. Es válido llorar, enojarse o experimentar frustración. Después de tanto esfuerzo, nadie puede exigirles que sonrían inmediatamente. Si la noticia duele, dense permiso para sentirla. Tómense unos días para procesarla. Incluso una semana para replantear el camino que sigue.
Pero después de esa pausa, es momento de levantarse.
Porque el sueño no era entrar a una universidad específica. El sueño es convertirse en profesionista, aprender, crecer y construir una mejor vida. La Universidad Veracruzana es una gran institución, pero no es la única puerta hacia el éxito.
Existen otras universidades públicas y privadas, carreras técnicas, programas en línea y oportunidades que quizá hoy no están contemplando. Muchos profesionistas exitosos no estudiaron en la institución que originalmente deseaban. Algunos incluso encontraron una vocación diferente después de enfrentar un rechazo.
La vida tiene una manera curiosa de demostrar que los tropiezos no siempre son derrotas. A veces son cambios de ruta.
A quienes obtengan un lugar, felicidades. Han alcanzado una meta importante. Pero a quienes no lo consigan, no permitan que una lista de resultados les robe la confianza en sí mismos. La verdadera derrota no es quedarse fuera de una universidad; la verdadera derrota es abandonar el deseo de seguir preparándose.
Julio traerá alegrías para unos y decepciones para otros. Sin embargo, dentro de algunos años, lo que realmente marcará la diferencia no será el resultado de un examen, sino la capacidad de cada joven para insistir, adaptarse y continuar.
Si no logras entrar, date tiempo para sanar la noticia. Una semana si es necesario. Después vuelve a mirar hacia adelante.
Tu futuro sigue ahí. Esperándote.


