INTERNACIONAL

Sánchez replica a Trump con un “no a la guerra”

El presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, compareció por la mañana en una declaración institucional para responder a Donald Trump, que tildó al país de “aliado horrible” y amenazó con romper relaciones comerciales.“La posición de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”, reviró desde Madrid, Sánchez, quien además “exigió” el “cese inmediato de las hostilidades” y respetar la legalidad internacional. Unas horas después se registró un episodio confuso, una vez que la vocera de la Casa Blanca, Karoline Levitt, aseguró que finalmente el gobierno español había rectificado y se había mostrado dispuesto a colaborar con la intervención militar en Irán, pero unos minutos después esta afirmación fue desmentida de forma categórica desde Madrid, tanto por la presidencia del gobierno como por el ministerio de Asuntos Exteriores.

El ataque de furia de Donald Trump contra España fue respondido con un mensaje medido desde Madrid, en una declaración institucional desde el Palacio de La Moncloa de Pedro Sánchez, quien comparó la guerra abierta en estos momentos en Medio Oriente con la guerra de intervención por parte de EU contra Irak en el 2003, bajo el pretexto de la supuesta búsqueda de armas de destrucción masiva del régimen de Sadam Hussein, que posteriormente se confirmó que no existían.

El mandatario español reconoció que “nadie sabe con certeza qué pasará ahora. Ni siquiera están claros los objetivos de quienes lanzaron el primer ataque. Pero tenemos que estar preparados, tal y como dicen los promotores, para la posibilidad de que esta sea una guerra larga, con numerosas bajas y, por tanto, con consecuencias graves también a escala global en términos económicos”. A continuación, y sin citar de forma explícita a Trump, le respondió a sus amenazas de ayer: “La posición del Gobierno de España ante esta coyuntura es clara y consistente. Es la misma que hemos mantenido en Ucrania o también en Gaza. En primer lugar, no a la quiebra de un derecho internacional que nos protege a todos, especialmente a los más indefensos a la población civil. En segundo lugar, no a asumir que el mundo solo puede resolver sus problemas a base de conflictos, de bombas. Y finalmente, no a repetir los errores del pasado. En definitiva, la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”.

De hecho fue más allá y se refirió a la guerra de Irak del 2023: “La guerra de Irak generó un aumento drástico del terrorismo yihadista, una grave crisis migratoria en el Mediterráneo oriental y un incremento generalizado de los precios de la energía y, por tanto, también de la cesta de la compra, del coste de la vida. Ese fue el regalo del trío de las Azores (George W. Bush, el británico Tony Blair y el español José María Aznar) a los europeos de entonces. Un mundo más inseguro y una vida peor. Es verdad que aún es pronto para saber si la guerra de Irán tendrá consecuencias semejantes a la de Irak. Si servirá para provocar la caída del terrible régimen de los ayatolás en Irán o para estabilizar la región”.

El mandatario español también anunció que están estudiando escenarios y posibles medidas para ayudar a los hogares, a los trabajadores, a las empresas, a los autónomos, y que puedan mitigar con ello los impactos económicos de este conflicto, si es que fuera necesario. Además, el líder español exigió a los países involucrados en el conflicto a que “deben cesar inmediatamente las hostilidades y apostar por el diálogo y la diplomacia. Y los demás debemos actuar con coherencia, defendiendo ahora los mismos valores que defendemos cuando hablamos de Ucrania, de Gaza, de Venezuela o de Groenlandia. Porque la pregunta no es si estamos o no a favor de los ayatollahs. Nadie lo está. Desde luego, no lo está el pueblo español y, por supuesto, tampoco el gobierno de España. La pregunta, en cambio, es si estamos o no del lado de la legalidad internacional y, por tanto, de la paz”.

Después de este mensaje de rechazo rotundo a la guerra, la vocera de la Casa Blanca, Karoline Levitt, aseguró desde Washington que “con respecto a España, creo que han escuchado el mensaje del presidente ayer, alto y claro, y según tengo entendido, en las últimas horas han aceptado cooperar con el ejército de Estados Unidos, que está coordinándose con sus homólogos en España”. Unos minutos después reaccionó Madrid, tanto desde la presidencia del gobierno como desde el ministerio de Exteriores, que desmintieron de forma “categórica” y “tajantemente” esta afirmación e insistieron en que su “posición del no a la guerra sigue siendo clara y contundente”.

En medio de esta nueva crisis bilateral entre España y EU, la segunda potencia del mundo, China, salió en defensa de los intereses ibéricos, al asegurar el vocero del ministerio de Asuntos Exteriores, Mao Ning, que “el comercio no debe ser utilizado como arma ni como instrumento”.

Sánchez también recibió el apoyo explícito de otros dirigentes europeos, como la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula Van der Leyen, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el portugués Antonio Costa. Desde la CE se reiteró que “cualquier amenaza comercial contra un Estado miembro es una amenaza contra la Unión Europea. No hay amenaza (posible) a un país en particular. No entro en el debate de fondo porque no es la competencia de Europa y la UE siempre garantizará que los intereses de sus Estados miembros estén plenamente protegidos”.

Al interior del país, desde la derecha del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición, recriminó a Sánchez su postura: “Hoy España está más aislada internacionalmente que nunca. Hoy España no es socio fiable. No sólo con EU, sino también dentro de la UE”. Además la principal organización que representa a las empresas estadunidenses en España, AmChamSpain, emitió un comunicado en el que pide “diálogo” a ambos gobierno para “la preservación de la relación económica” y apelan a “los cauces diplomáticos e institucionales para resolver las discrepancias existentes. Confiamos en que la racionalidad económica y el marco jurídico vigente —incluyendo los acuerdos comerciales— prevalecerán, y en que ambos gobiernos encontrarán la vía del entendimiento que sus respectivas comunidades empresariales necesitan”.