COLUMNISTAS

Jóvenes al liderazgo de Veracruz

Las tomas de protesta ya ocurrieron y, con ellas, el primer termómetro político para una nueva generación de alcaldes en el norte de Veracruz. El 2026 arranca con una carga dinámica evidente, no solo por el relevo de nombres, sino por la expectativa que despiertan perfiles jóvenes que prometen romper con inercias largamente arraigadas en los gobiernos municipales.

 

Más allá del acto protocolario, lo relevante fue observar cómo cada uno enfrentó su primer gran momento público, ese en el que no hay margen de ensayo y donde el mensaje, la organización y la percepción comienzan a marcar el rumbo de una administración.

 

En Poza Rica, Adanely Rodríguez tuvo una toma de protesta sólida. Le fue bien. El respaldo de destacados líderes de la ciudad fue evidente y el mensaje político quedó claro: hay confianza y expectativa en su gobierno. La asistencia y el acompañamiento que recibió colocan a su administración en una posición de arranque favorable. Ahora, la atención se centra en la conformación de su gabinete; hay expectativa por conocer los nombres de quienes integrarán la estructura en sus direcciones y qué perfil técnico y político acompañará su proyecto.

 

En contraste, Jorge Alanís, en Coatzintla, tuvo un arranque más accidentado. El protocolo no fluyó como se esperaba y la transmisión en Facebook Live presentó fallas constantes, lo que mermó el alcance del evento de quienes quisimos conocer los detalles de su primer mensaje. No es un asunto menor: en tiempos donde la comunicación digital forma parte del ejercicio del poder, estos detalles pesan y dejan ver áreas de oportunidad en su equipo inmediato.

 

A “Cachiz” Silva Vega le fue bien en Gutiérrez Zamora. El evento cumplió, el mensaje se entendió y el arranque dejó una percepción positiva. Queda pendiente, en lo personal, conocerlo más de cerca y observar cómo traduce ese buen inicio en decisiones de gobierno y resultados concretos.

 

Daniel Cortina, en Tuxpan, tuvo la toma de protesta más austera de todas. Fue un acto sencillo, sin excesos, donde la sobriedad marcó el tono. Algunos podrían interpretarlo como falta de dimensión del evento por parte de su equipo; otros, como una señal de sencillez y estilo propio. El tiempo dirá si esa austeridad es una decisión política consciente o una limitación operativa inicial.

 

Lo que queda claro es que, más allá de aciertos y tropiezos, se empieza a perfilar un grupo de alcaldes jóvenes con estilos distintos, pero con un mismo reto: demostrar que no repetirán los vicios de sus antecesores. Los alcaldes salientes, en su mayoría, terminaron siendo iguales a los de siempre: lejanos, repetitivos y sin capacidad real de transformación.

 

Hoy la expectativa es otra. Veracruz no necesita discursos nuevos con prácticas viejas. Necesita gobiernos que entiendan el momento, que sepan comunicar, ejecutar y corregir. Las tomas de protesta ya pasaron; ahora comienza lo verdaderamente importante: gobernar.