Daniel Ortega y la doctrina Estrada

Por Ricardo Homs

Daniel Ortega es de todos los dictadores latinoamericanos en funciones el de mayor experiencia y además, una sensible decepción.

Lo recordamos como héroe en los años setenta luchando en contra del dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, miembro de una familia de dictadores que gobernó Nicaragua desde 1934 hasta el asesinato del último de esta dinastía.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional, del cual formaba parte como uno de sus dirigentes, representaba un movimiento guerrillero libertario, justo y democrático. Despertaba gran simpatía entre la población joven de aquellas épocas.

Sin embargo, hay un dicho que define que “el poder corrompe” y Ortega no fue la excepción.

De 1981 a 1984 fue coordinador de la Junta de Gobierno que asumió el control del país. Después fue presidente de Nicaragua de 1985 a 1990, teniendo como vicepresidente a Sergio Ramírez, importante intelectual que recientemente tuvo que exiliarse como muchos opositores durante la campaña electoral pasada.

Desde 2007 a la fecha Ortega lleva tres periodos consecutivos gobernando y volvió a ganar la elección que lo llevará nuevamente a gobernar un periodo más, como resultados de las elecciones más fraudulentas de ese país.

Es relevante decir que la represión a opositores durante estas elecciones fue evidente, pues incluyó a antiguos aliados a quienes encarceló, mientras otros pudieron huir del país.

Lo relevante para los mexicanos es que este gobierno, que hoy encabeza el presidente López Obrador, se volvió cómplice de este atentado a la democracia, lo cual revela los valores morales de quienes controlan nuestro país, torciendo los conceptos a su modo.

Mientras otros países repudiaron por desaseada y fraudulenta la elección que le dio el triunfo a Daniel Ortega, México apeló a la desactualizada “Doctrina Estrada”, que desde 1930 ha regido la política exterior de México, para tener pretexto y mantenerse al margen de la discusión.

Sin embargo, según una nota publicada por El Universal, el gobierno de Nicaragua confirmó la asistencia de una delegación que representará a México en la toma de posesión de Daniel Ortega en su cuarto mandato presidencial.

¿No sería más digno excusarse y no tener representación en este acto protocolario? Asistir significa su reconocimiento “de facto”.

La Doctrina Estrada es un planteamiento de política exterior creado por nuestro canciller Genaro Estrada en respuesta a las condiciones que prevalecían en las relaciones entre países en 1930, unos pocos años antes del inicio de la segunda guerra mundial, crisis global que se detonó por las invasiones de la Alemania de Adolfo Hitler sobre otras naciones independientes.

La Doctrina Estrada postula que ningún país tiene autoridad para pronunciarse y reconocer si un gobierno extranjero es legítimo o ilegítimo.

El reconocimiento a la legitimidad de un gobierno no sólo se obtiene a través de declaraciones, comunicados y documentos, -que equivalen a la forma semántica de expresión tradicional-, pues más significativos y contundentes son los mensajes semióticos, los cuales se derivan de nuestras acciones y conducta.

Los mexicanos hemos construido un metalenguaje que resta seriedad a las palabras y descansa su validez en las acciones.

La asistencia de un enviado oficial a esa toma de posesión representa el reconocimiento tácito a la legitimidad de ese gobierno.

Con acciones que trasmiten mensajes que no corresponden al significado verbal, este gobierno va definiendo sus valores políticos.

En la época de mayor revuelta y represión a los opositores por parte del actual gobierno cubano, el nuestro tuvo como invitado especial al dictador Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba y le ofreció el privilegio de ser el orador oficial en un importante evento de conmemoración del inicio de nuestra guerra de independencia. Uno de los gobiernos que lleva más de sesenta años robando su independencia a sus ciudadanos, conmemoró con nosotros lo que él no ofrece a su pueblo.

Las libertades en Cuba han estado secuestradas desde que Fidel Castro asumió el poder hasta hoy.

La asistencia de una delegación oficial mexicana a la toma de posesión al cargo de presidente de Nicaragua por parte de Daniel Ortega representa una incongruencia.

Para evitar seguir manipulando la Doctrina Estrada debemos revisar su contenido, -con referencia a su vigencia frente al contexto actual-, para determinar si en este mundo globalizado e interconectado que opera como aldea global estos postulados, que tienen casi cien años de haber sido redactados, continúan teniendo validez.

 

¿A usted qué le parece?