Se desmoronan la alianza

Por José Páramo Castro

La oposición realiza una acción política improvisada y así como surgen las coyunturas para hacerse notar, aparecen tratando de deshacer entuertos. Van librando los problemas y retos sin estrategia y saben que todo lo que esté en favor de la 4T hay que adoptarlo y rechazar todo lo que favorezca al gobierno federal. Tan sencillo como eso. A esto se limita el trabajo de la oposición.

Tanta simpleza no sólo sorprende sino ofende, porque cobran como si trabajaran y dentro de la sencillez de su tarea cuando carecen de argumentos les da por inventar noticias falsas para tratar de desgastar. Todo es mentira en ellos.

Por ejemplo, podemos ver a unas de las bisagras de la alianza electoral es Gustavo de Hoyos, ex líder de Coparmex, que no es empresario ni político. Una especie de nini que se vuelve una voz en el desierto disperso de la oposición. A pesar de su miseria ideológica, afirmó que los partidos que conforman la alianza “Va por México”, PRI, PAN y PRD, no aprobarán la reforma eléctrica del presidente, la cual, según el entender de este señor, busca que la Comisión Federal de Electricidad domine el mercado de generación de luz.

Con esas interpretaciones que ni siquiera caen en el simplismo sino en la falta de capacidad para entender algo que es muy sencillo, y quieren tergiversar para confundir, que es lo que ha hecho la oposición desde hace tres años. Desde cuestionar la eficacia de la vacuna anticovid, hasta considerar que las obras del sexenio son innecesarias.

En el fondo lo que se advierte, además de las pocas ganas de trabajar, es la falta de argumentos para desgastar al gobierno federal, que, a pesar de ellos, continúa no sólo vigente sino con una aprobación mayoritaria de la población.

Tal es la desesperación de los opositores y la muestra de argumentos en contra en tan evidente que lo de hoy es comparar al presidente con diferentes personajes de la historia, porque lo mismo dicen que se parece a Adolfo Hitler, que a Calígula o a Díaz Ordaz. Convirtiendo la confrontación de ideas en una pueril disputa por tener la razón aunque sea con mentiras, que terminan por desmoronarse como se rompe en pedazos cada uno de los partidos que integran esa alianza.

La oleada anterior del nado sincronizado de adjetivos tuvo que ver con la distorsión del cargo del presidente llamándolo dictador, iluminado, comunista, déspota, totalitario, autócrata. Esto lo deshizo involuntariamente la casa Blanca al invitar a México a la Cumbre por la Democracia donde excluyó a gobiernos como el de Venezuela, Nicaragua, Cuba, China, Rusia, etc.

Lo cierto es que era una reunión de amigos que coinciden con algunos esquemas tradicionales, pero en ese grupo entró México por convicción plena de Joe Biden, y dejó sin esos argumentos a una oposición que entra a la palestra del debate con coros que surgen de la sinrazón y de las ocurrencias cada vez más insostenibles. Los voceros de la oposición no desperdician oportunidad para cubrir sus espacios en los medios, aunque sea con barbaridades, sobre la ropa de la esposa del presidente o la aparición de un simulador que existe sólo en la mala intención de desinformar. A ese nivel al ras del suelo se ubica la discusión de una oposición que se ha perdido el respeto y cualquier tema puede ser utilizado para intentar descalificar al gobierno.

Es precisamente la falta de argumentos sólidos, de pruebas contundentes, de evidencias que justifiquen los dichos los que obligan a sus detractores a una simplicidad tan frágil que ya no puede ocultarse y que lejos de atraer simpatías lo único que provoca es indiferencia.