La migración no planificada

Por Ricardo Homs

La actitud del gobierno de Guatemala, encabezado por el presidente Alejandro Giammattei frente al accidente registrado en Chiapas, donde fallecieron más de 50 migrantes, -muchos de ellos guatemaltecos-, que viajaban en la caja de un tráiler, es muy diferente a la del gobierno mexicano.

Mientras el gobierno de Guatemala se aplicó a investigar a la red criminal que lucra con los migrantes y así descubre que no era uno, sino tres tráileres que formaban parte de una misma operación, el gobierno mexicano sigue sumido en la demagogia y la declaracionitis.

Si bien los migrantes son familias que merecen nuestro respeto y solidaridad, detrás de ellos hay un complejo sistema criminal que seguramente opera coordinadamente entre Centroamérica y nuestro país, lo cual queda en evidencia a partir del reportaje realizado por una importante televisora que descubrió que la ruta recorrida por el tráiler accidentado implicaba haber pasado 14 retenes sin que hubiesen sido detectados… ¿por ineficiencia, irresponsabilidad o colusión entre funcionarios y polleros?

El otro tráiler que formaba parte del mismo operativo migrante también logró pasar todos los retenes y quizá hoy sus pasajeros ya estén en la frontera con Estados Unidos. El gobierno de Guatemala descubrió que el tercer tráiler no llegó a salir del territorio guatemalteco, seguramente conscientes los polleros de que el accidente activaría los sistemas de seguridad y revisión de los retenes.

¿Y la investigación del gobierno mexicano?

El Instituto Nacional de Migración desde hace varios sexenios, hasta el día de hoy, tiene denuncias de extorsión a migrantes como lo demuestra el reportaje de Denise Maerker de la semana pasada, donde se destaca la forma en que agentes del INM detuvieron en el aeropuerto de la CDMX a turistas venezolanos que traían documentación migratoria en orden con el fin de extorsionarlos y cómo ya se había organizado una banda que ofrecía protección a los turistas sudamericanos para garantizar que no serían molestados a su llegada al aeropuerto de nuestra capital. Esto no podría realizarse sin la colusión de funcionarios de nuestro instituto migratorio. ¿Por qué no se ha iniciado una investigación?

Si están esperando que turistas atemorizados con la posibilidad de represalias denuncien los hechos para entonces proceder a una investigación, esto significa que no hay interés de resolver este evidente caso de corrupción que quizá beneficie a altos funcionarios de esta institución del gobierno federal. Seguramente mucho dinero sucio está en juego.

El flujo migratorio en México debe ser regulado, tanto para garantizar protección a los migrantes respecto a extorsiones de funcionarios públicos y agentes de corporaciones policiacas de bajo nivel jerárquico, como de la delincuencia organizada.

Además, las condiciones del viaje presuponen una crisis humanitaria donde están involucrados niños y mujeres que corren graves riesgos. No debemos olvidar las investigaciones periodísticas que han sido publicadas y difundidas donde se descubre el alto índice de agresiones sexuales que sufren las mujeres migrantes en su paso por nuestro territorio por parte de autoridades así como de criminales, al grado de que ya desde su país de origen vienen preparadas con tratamientos para prevenir el embarazo… ¿Esta conducta indigna por qué no ha sido investigada para ofrecer protección a las migrantes?

¿No es probable que jovencitas migrantes estén siendo raptadas por el ancestral mercado de tratantes de blancas?

Y del tema salud ni hablar.  La migración no regulada presupone riesgos de salud, inicialmente para el migrante, -principalmente por el Ómicron-, pero también para el resto de la población mexicana.

Lo que hoy vemos es una actitud reactiva del gobierno mexicano frente al fenómeno migratorio, pues en lugar de emprender acciones preventivas y campañas persuasivas junto con los gobiernos de los países centroamericanos que son el origen de los migrantes, simplemente resuelven los problemas que surgen ya en el tránsito por nuestro país.

Grave problema de impacto aún no dimensionado para el tejido social mexicano. Las migraciones generan cambios sociales, -que pueden ser benéficos si son programadas y reglamentadas-, como sucedió con la migración española durante la guerra civil en ese país, así como la argentina, chilena, brasileña y uruguaya durante las dictaduras militares en esas naciones. Los migrantes recibieron una oportunidad de iniciar una nueva vida en nuestro país y México se enriqueció con el intercambio cultural.

Sin embargo, las migraciones masivas son conflictivas, -tanto para el migrante-, como para nuestro país. Detrás de este fenómeno migratorio hay fuerzas oscuras que están manipulando las expectativas y deseos de una mejor vida, en gente que está desesperada en su país de origen.

Así como nuestro gobierno hoy hace esfuerzos por exportar sus programas sociales “insignia” como “Sembrando vida”, también podría hacer alianzas con los gobiernos centroamericanos para desactivar las redes de corrupción y delincuencia organizada que impulsan la migración.

¿Y a usted qué le parece?

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