COLUMNISTAS

El sacrificio de Cumbre Tajín

Veracruz tiene una relación accidentada con su propia estrategia turística. No por falta de eventos —porque los tiene y multitudinarios— sino por la manera en que se administran.

El caso más preocupante hoy es la Cumbre Tajín. Falta un mes para su realización, fue reducida a solo tres días y, hasta ahora, no existe una cartelera sólida ni una campaña de promoción turística visible a nivel nacional. Un festival que durante años fue emblema cultural y motor económico regional hoy parece caminar en silencio. En turismo, la anticipación es clave; la improvisación, costosa.

A un mes de celebrarse la Cumbre Tajín, resulta cuando menos llamativo que su cartelera oficial se anuncie hasta después del Carnaval de Veracruz, mientras en redes sociales circulan nombres de artistas sin confirmación y la expectativa crece entre potenciales visitantes; aunque las autoridades aseguran que habrá innovaciones y que la reducción a tres días —decisión respaldada por la Secretaría de Cultura y la gobernadora Rocío Nahle García— permitirá concentrar la afluencia en un solo fin de semana, en materia turística la promoción tardía suele traducirse en incertidumbre, y un festival de esta magnitud difícilmente puede sostener su impacto económico y cultural si la información clave se mantiene en pausa cuando el calendario ya corre.

No es un hecho aislado. El antecedente del Costa Esmeralda Fest durante el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez marcó un precedente incómodo: cancelación, polémica y después regreso. Ensayo y error como método de planeación.

Luego está el Carnaval de Veracruz 2026, donde nuevamente el clima se convirtió en protagonista. El segundo desfile fue movido por un pronóstico de “Norte” con rachas de hasta 80 km/h. Se ajustaron horarios, logística y conciertos bajo el argumento de proteger a los asistentes. El resultado fue un solazo. No es la primera vez que los paseos se cancelan o modifican por previsiones que no terminan cumpliéndose.

Paradójicamente, el primer desfile reunió a 250 mil personas en un solo día a lo largo del bulevar Manuel Ávila Camacho. Noventa mil más abarrotaron la Macroplaza del Malecón y cinco mil se congregaron en el zócalo. La marca Carnaval sigue fuerte. La gente responde. Lo que falla es la lectura técnica y la coordinación estratégica.

Aquí la crítica deja de ser anecdótica. Si las autoridades no pueden interpretar con precisión un pronóstico meteorológico, quizá deberían pedirle apoyo a Isidro Cano Luna, referente en análisis climático en el estado. Porque no se trata solo de mover un desfile: cada decisión tardía afecta hoteleros, restauranteros, transportistas, artistas y la percepción turística del estado.

Veracruz no tiene mala suerte; tiene mala coordinación. Reduce días a Tajín sin explicación clara, cancela o mueve paseos por pronósticos fallidos y arrastra antecedentes de festivales suspendidos. Tiene tradición, identidad y capacidad de convocatoria. Lo que falta es planeación estratégica, promoción oportuna y decisiones técnicas bien fundamentadas.

Cuando 250 mil personas salen a la calle en una sola noche, el reto del gobierno no es adivinar el clima: es estar a la altura de su propia fiesta y de su propio potencial turístico.