COLUMNISTAS

Educación e ideología

Por Ricardo Homs

Los cuestionamientos al programa educativo que pretende imponer el gobierno del presidente López Obrador deben ser tomados en cuenta. Está de por medio la salud emocional, -e incluso-, el modelo de país que legaremos a las nuevas generaciones.

La educación es un pilar fundamental para el desarrollo de un país y para la calidad de vida de su población. A través de la educación se logra una convivencia social de mayor calidad humana, así como estimular la capacidad productiva de la nación a partir del desarrollo de habilidades de su gente.

Sin embargo, el proyecto educativo de la cuarta transformación no responde a estos objetivos, sino a fines ideológicos, que pretenden mantener el control y el poder para el gobierno en turno.

Gente muy… pero muy pequeña intelectualmente es la que está pretendiendo imponer un modelo educativo acorde con sus ambiciones políticas y afán de protagonismo futuro.

Debemos reconocer que desde hace varios lustros nuestro sistema educativo sólo tuvo avances funcionales, pero no de fondo. No lo suficiente para lograr una revolución educativa en un país de gran riqueza cultural como lo es el nuestro y con un alto potencial de habilidades de nuestra población.

Quizá uno de los factores que frenaron el desarrollo educativo fueron las intromisiones sindicales en busca de poder, así como mantener privilegios laborales, además de  la zona de confort de los docentes. Ni qué decir de la maldita politización en la educación, -como la de la CNTE-, donde el maestro, -quizá impulsado por sus líderes sindicales-, olvidó su misión constructiva y humanista y se volvió un activista rijoso, más interesado en estar en las calles que en el aula.

Nuestro sistema educativo durante el siglo XX tuvo a grandes intelectuales como promotores del conocimiento, como José Vasconcelos, Justo Sierra, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, Víctor Bravo Ahuja, Narciso Bassols, por citar algunos.

Una ofensa a esas mentes preclaras que les antecedieron son los nombramientos de Delfina Gómez como titular de educación primeramente y ahora de la maestra Leticia Ramírez.

La vocación humanista de los grandes titulares de la Secretaría de Educación Pública, -aquí nombrados-, contrasta con la visión pequeña de quienes pretenden utilizar la nobleza y trascendencia de la labor educativa para ponerla al servicio de la política, a fin de mantener los privilegios del poder público.

Convertir a los maestros en promotores de una ideología es una ofensa para su vocación altruista.

Quién, de las anteriores generaciones, -como la mía-, no recordamos con respeto, afecto y admiración a nuestros maestros, no obstante que los métodos aplicados en aquella época para imponer disciplina hoy sean reprobados, -con justa razón-, por las nuevas teorías educativas.

Sin embargo, su vocación y honorabilidad nos imponían respeto y hoy agradecimiento y reconocimiento.

Son las dictaduras las que manipulan la educación para imponer sus ideologías a favor de lograr sumisión y crear un modelo social autoritario, donde el ciudadano tenga tan baja autoestima que no se sienta merecedor de derechos universales tan básicos como libertad de pensamiento, libertad de expresión y derecho a la información veraz y confiable… no manipulada por sus gobernantes.

¿Qué decir de la dictadura cubana, que se especializó en crear un modelo educativo que ahora pretende importar la 4T?

Las dictaduras generalmente se sienten preocupadas por la presencia de las mentes claras y razonables, como sucedió durante la llegada de Fidel Castro al poder, quien no tuvo empacho en quitar todo lo que poseía a uno de sus maestros, una de las más brillantes mentes de la educación matemática, el maestro cubano Aurelio Baldor, autor del más importante libro de álgebra, en el cual nos educamos hasta el presente las generaciones que fuimos a la escuela después de 1941, así como de los de aritmética, geometría y trigonometría, también de su autoría.

Aurelio Baldor tuvo que huir de Cuba con su familia, dejando el producto de sus ahorros al régimen arribista cubano y morir en la medianía económica en Miami.

Por tanto, es de ese sector del magisterio honorable, -que sin duda hoy existe a pesar de todo-, comprometido con su destino y su misión como tutores y formadores de las próximas generaciones de mexicanos, de quien esperamos una respuesta clara y contundente en contra del proyecto educativo diseñado por mentes pequeñas y sin autoridad moral para visualizar ese gran proyecto educativo que merece México, este gran país donde habita un pueblo al que le prometieron la calidad de vida de Dinamarca y a cuatro años de distancia le están dejando las condiciones similares a Cuba y Venezuela.

Un proyecto educativo que se reduce a una campaña de ideologización es uno de los grandes riesgos a los que hoy se enfrenta México. ¿A usted qué le parece?

 

¿A usted qué le parece?

 

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