COLUMNISTAS

La infancia digital entra a la agenda nacional

ALMA GRANDE

POR ÁNGEL ÁLVARO PEÑA

La decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de dedicar un espacio semanal en “La mañanera del pueblo” para hablar sobre el impacto de las redes sociales en niñas, niños y adolescentes coloca en la agenda pública un tema que durante años se ha discutido principalmente en los hogares, las escuelas y los consultorios. Ahora la conversación llegará también al ámbito de las políticas públicas.

El planteamiento del Gobierno federal parte de un punto importante: abrir un diálogo antes de presentar una propuesta al Congreso de la Unión. La participación de especialistas en salud mental, educación y tecnología, así como de organismos internacionales como la UNESCO, permitirá que la discusión tenga como base estudios e investigaciones, en lugar de opiniones o percepciones aisladas.

Los riesgos asociados al uso intensivo de las redes sociales son ampliamente conocidos. Diversas investigaciones han documentado problemas relacionados con la ansiedad, la depresión, la dependencia de las plataformas digitales, la exposición a contenidos violentos y las dificultades para la convivencia presencial. Estos efectos no aparecen de la misma manera en todos los menores, pero sí representan una realidad que merece atención.

También es acertado que la estrategia anunciada no se limite a señalar a las plataformas digitales como responsables. El acompañamiento de madres, padres, docentes y cuidadores resulta indispensable para que niñas, niños y adolescentes aprendan a utilizar la tecnología con criterio y responsabilidad. La formación en hábitos digitales debe convertirse en parte de la educación cotidiana.

El dato de que 16 estados ya restringen el uso de teléfonos celulares en escuelas de educación básica refleja que existe una preocupación compartida por autoridades de distintas entidades y de diferentes fuerzas políticas. Las experiencias que se han desarrollado en esos sistemas educativos pueden aportar elementos valiosos para evaluar qué medidas funcionan y cuáles requieren ajustes.

El siguiente paso será igual de importante. Los foros nacionales anunciados por el Gobierno deberán escuchar a especialistas, instituciones educativas, organizaciones civiles, empresas tecnológicas y familias. La construcción de cualquier regulación necesita considerar las distintas realidades que existen en el país y los cambios constantes que experimenta el entorno digital.

La experiencia internacional también ofrece referencias útiles. Países como Australia y Francia han aprobado restricciones para el acceso de menores a determinadas redes sociales, mientras otras naciones analizan iniciativas similares. México tiene la oportunidad de revisar esos modelos, conocer sus resultados y adaptar aquellas acciones que respondan a su propio contexto.

La tecnología forma parte de la vida diaria de millones de estudiantes. Por esa razón, el objetivo no debe limitarse a establecer reglas, sino fortalecer la educación digital desde edades tempranas. Conocer cómo funcionan los algoritmos, proteger la información personal, identificar contenidos engañosos y administrar el tiempo frente a una pantalla son habilidades que hoy tienen un valor comparable al de cualquier aprendizaje escolar.

La decisión de abrir este debate llega en un momento oportuno. El crecimiento de las redes sociales ha transformado la manera en que las nuevas generaciones se informan, conviven y construyen su identidad. Frente a esa realidad, la respuesta más útil será aquella que combine información, participación y responsabilidad compartida. Ese será el verdadero alcance de una política pública orientada a proteger a la infancia y la adolescencia. Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.