El PRI encuentra en Coahuila una ruta para volver
En política, las derrotas rara vez llegan sin avisar. Lo que suele ocurrir es que algunos dejan de escuchar las señales y terminan sorprendidos por resultados que se estaban construyendo desde mucho tiempo atrás.
La elección de este domingo en Coahuila vuelve a recordarlo. Mientras algunos daban por descontado el avance de Morena en cualquier rincón del país, el PRI obtuvo un resultado contundente al ganar las 16 diputaciones de mayoría relativa que estuvieron en disputa. Más allá de las declaraciones triunfalistas de la dirigencia nacional priista, el dato obliga a revisar una realidad que muchos se resisten a aceptar: ningún partido tiene asegurada la victoria por adelantado.
Morena lleva varios años acumulando triunfos importantes. Sin embargo, también ha comenzado a mostrar un fenómeno que históricamente ha afectado a todas las fuerzas políticas que alcanzan posiciones dominantes: la confianza excesiva. Cuando un partido supone que el respaldo ciudadano es permanente, corre el riesgo de descuidar el trabajo político que le permitió llegar al poder.
La política sigue siendo una actividad de organización, territorio, estructura y convencimiento. Las campañas se ganan tocando puertas, construyendo liderazgos, formando equipos y manteniendo presencia constante entre la ciudadanía. Ninguna marca electoral sustituye ese trabajo.
Por eso el caso de Coahuila merece atención. Morena ya anunció que impugnará y denunció presuntas irregularidades durante la jornada. Corresponderá a las autoridades electorales determinar si existen elementos para acreditar alguna violación a la ley. Pero mientras eso ocurre, el resultado está ahí: el PRI movilizó a sus simpatizantes, defendió su territorio electoral y obtuvo una victoria que pocos pronosticaban con tal amplitud.
La lección también aplica para Veracruz y particularmente para Poza Rica.
Aquí se habla todos los días de cambios, de alternancias y de nuevas etapas políticas. Sin embargo, pocas veces se aterriza la discusión en números concretos. La matemática electoral es menos complicada de lo que parece.
Poza Rica cuenta con alrededor de 110 secciones electorales. Para construir una candidatura verdaderamente competitiva basta con lograr aproximadamente 90 votos adicionales por casilla. Noventa ciudadanos convencidos en cada sección y sus respectivas casillas. Noventa voluntades que decidan respaldar una opción distinta o refrendar la continuidad de quienes hoy gobiernan.
Visto así, el reto deja de parecer imposible. No se trata de conquistar multitudes abstractas. Se trata de construir confianza con vecinos, comerciantes, trabajadores, jóvenes y familias que participan en la vida cotidiana de cada colonia.
Quienes aseguran que el PRI está acabado deberían observar con atención lo ocurrido en Coahuila. Los partidos no desaparecen porque alguien lo declare. Sobreviven cuando conservan estructura, militancia y capacidad de organización. Y el priismo todavía cuenta con miles de hombres y mujeres que siguen trabajando en territorio, lejos de los reflectores y de las redes sociales.
Al final, las elecciones no se ganan en las encuestas, ni en las conferencias de prensa, ni en las publicaciones de internet. Se ganan cuando los ciudadanos llegan a las urnas y depositan su voto.
Por eso nada está escrito para 2027.
Ni Morena puede asumir que seguirá ganando por inercia, ni la oposición debe resignarse a la derrota antes de competir. La historia electoral mexicana está llena de resultados que parecían improbables hasta que aparecieron en las actas.
En política no hay sorpresas. Hay sorprendidos.
Hay quienes trabajaron y quienes confiaron demasiado.
Y los sorprendidos suelen descubrirlo cuando ya es demasiado tarde.


