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PRI se reagrupa frente al desgaste de Movimiento Ciudadano

En la política nuevoleonesa de hoy conviene separar con bisturí dos conceptos que deliberadamente se quieren confundir: coincidencia y alianza. Porque no es lo mismo compartir un objetivo puntual que construir un proyecto común. Y en el escenario que vive Nuevo León, particularmente en el Congreso local, el PRI no ha sellado ninguna alianza con Morena. Lo que existe es algo mucho más simple —y mucho más incómodo para Movimiento Ciudadano—: una coincidencia estratégica frente a un Ejecutivo desgastado.

El intento de presentar el debate presupuestal como una supuesta “alianza PRI–Morena” es una narrativa útil para el gobierno estatal, pero profundamente engañosa. Sirve para polarizar, para revivir fantasmas ideológicos y para evitar hablar del verdadero fondo del asunto: el aislamiento político del gobernador Samuel García y la pérdida de control de su agenda legislativa.

El presupuesto 2026 es importante, sí, pero no es el centro del reacomodo político. Es apenas el síntoma visible de algo más profundo: el regreso del PRI a la lógica del bloque opositor funcional, acompañado del PAN, y con un Morena nacional que decidió dejar de cargar un costo político que no le corresponde.

Desde hace meses, el PRI en Nuevo León ha trabajado silenciosamente en dos frentes. Uno, el legislativo: consolidar una postura de contención frente al Ejecutivo, particularmente en temas de deuda, impuestos y gasto discrecional. Otro, el político-electoral: reconstruir estructura, cerrar filas internas y preparar el terreno rumbo a 2027. Ambos frentes convergen ahora.

Cuando la dirigencia nacional de Morena, encabezada por Luisa María Alcalde, fija condiciones para acompañar el presupuesto —no a la deuda, no a nuevos impuestos, recorte al gasto superfluo y prioridad social—, no está pactando con el PRI; está marcando distancia de Movimiento Ciudadano. Morena entiende que seguir respaldando al Ejecutivo estatal implica pagar un desgaste que no le reditúa electoralmente en Nuevo León.

El PRI y el PAN, por su parte, no se movieron un centímetro de su posición original. No ajustaron su discurso para coincidir con Morena; fue Morena quien llegó, tarde, a una postura que ya estaba planteada desde el Congreso. Eso no es una alianza: es una convergencia circunstancial.

Confundir ambas cosas no sólo es incorrecto, sino políticamente intencional. Una alianza implica acuerdos de largo plazo, reparto de responsabilidades y proyecto compartido. Aquí no hay nada de eso. Hay votos coincidentes en un tema específico y una frontera ideológica que sigue intacta.

Lo que sí existe —y eso es lo verdaderamente relevante— es un frente cada vez más amplio contra el estilo de gobierno de Movimiento Ciudadano en Nuevo León. Un estilo marcado por la confrontación permanente, el veto como herramienta política y una narrativa de victimización que ya no conecta con amplios sectores sociales ni con la clase política local.

Fue una señal clara de orden interno y de definición de rumbo. Alejandro Moreno habló de disciplina, de coordinación municipal y de resultados de gobierno como base del proyecto electoral. Traducido: no improvisación, no ocurrencias, no espectáculo.

La mención reiterada del desempeño de los municipios priistas no es casual. El PRI apuesta a reconstruir credibilidad desde lo local, contrastando gestión contra discurso. Y en ese contraste, Movimiento Ciudadano llega debilitado, atrapado entre conflictos internos, promesas incumplidas y una figura gubernamental más concentrada en la confrontación que en la gobernabilidad.

La toma de protesta de la CNOP en Nuevo León, presidida por Fuensanta Guerrero, dirigente nacional del sector popular fue un mensaje político claro de reactivación y orden. La presencia de la dirigencia nacional y el respaldo a la estructura confirman que el priismo está cerrando filas, fortaleciendo su base territorial y enviando una señal de cohesión rumbo a los retos que vienen. En un escenario marcado por la volatilidad y las alianzas circunstanciales, la CNOP reaparece como un factor de organización, interlocución social y disciplina política, recordando que el PRI no sólo compite en coyunturas, sino que se prepara con estructura y proyecto.

El sector popular del PRI, históricamente uno de sus brazos territoriales más fuertes, se reactiva y se alinea públicamente con un proyecto rumbo a 2027. No es casual que ahí se refrende el respaldo a Adrián de la Garza. No es espontáneo ni aislado: es parte de una estrategia de reposicionamiento.

Mientras algunos buscan vender la idea de alianzas imposibles, el PRI trabaja en algo más elemental y, a la vez, más efectivo: cohesión interna, claridad de adversarios y una narrativa que lo coloca como contrapeso real frente a un gobierno estatal que perdió capacidad de diálogo.

No hay alianza con Morena. Hay coincidencias tácticas frente a un mismo problema. Y en política, quien no entiende la diferencia, o miente deliberadamente o no está leyendo bien el momento.

El priismo en Nuevo León parece haberlo entendido. Por eso cierra filas, toma protesta, se reorganiza y avanza.