Adán Augusto: la corcholata más mediática del Senado, deja la titularidad
ALMA GRANDE
Por Ángel Álvaro Peña
La salida de Adán Augusto López Hernández de la presidencia de la Junta de Coordinación Política del Senado no es, como se pretende presentar, un acto de desprendimiento ni de sacrificio partidista. Luego de la disputa por la titularidad entre “las corcholatas” presidenciales hace un par de años, hoy, eso quedó atrás.
¿Recuerdan cuando regaló libros…? Pues esa supuesta “generosidad” de Adán Augusto López con los tomos del libro Grandeza de AMLO salió más cara que una fiesta de fin de año: entre versiones y cifras distintas, si se toma el precio comercial de 448 pesos por ejemplar y los cerca de 17 000 ejemplares que salieron del Senado, el regalo tendría un costo de más de 7.6 millones de pesos. El propio senador dijo haber negociado un “precio especial” que lo bajaría a poco más de cien pesos por libro, lo que reduciría el gasto a alrededor de 1.7 millones de pesos, pero incluso con ese descuento la operación sigue siendo millonaria y opaca. Y si esos libros acaban en oficinas y no en manos lectoras, la aritmética política siente menos a la cultura y más a la conversión de recursos en aplausos.
Es una reconfiguración calculada del poder, una mudanza estratégica que confirma una constante en la política mexicana: el cargo se deja, pero la influencia no.
Formalmente, Adán Augusto abandona la coordinación del Grupo Parlamentario de MORENA y, con ello, la presidencia de la Jucopo, para convertirse —según su propia narrativa— en “un senador más”. Sin embargo, el propio anuncio desmiente esa versión. No pedirá licencia, no se retira del Senado ni del centro de las decisiones: se va a recorrer el país para operar políticamente rumbo a 2027, en los estados con mayor padrón electoral. Es decir, deja el liderazgo legislativo para asumir, sin ambages, el rol de operador electoral nacional.
La explicación oficial apunta a una “definición interna” para fortalecer al partido y conservar la mayoría calificada en el Congreso. Pero el contexto obliga a mirar más allá del discurso. En conferencia de prensa, el propio López Hernández fue cuestionado sobre si su decisión estaba relacionada con presuntos escándalos mediáticos recientes, entre ellos señalamientos sobre sus ingresos y los vínculos atribuidos al exsecretario de Seguridad de Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, con el grupo criminal conocido como La Barredora.
Adán Augusto rechazó cualquier relación entre esos señalamientos y su salida de la Jucopo. Aseguró que la determinación se tomó “en las últimas horas” y que obedeció exclusivamente a una evaluación política interna. No obstante, la coincidencia temporal entre los cuestionamientos públicos y su repliegue del cargo legislativo más relevante del Senado no pasa desapercibida.
En el terreno político, las percepciones importan tanto como los hechos. Y mientras el senador niega categóricamente cualquier vínculo entre su decisión y esos señalamientos, en los corrillos del poder también ha circulado el rumor —eso, sólo rumor— de que su nombre habría sido mencionado en conversaciones de alto nivel, incluso en versiones que lo colocan como uno de los perfiles que presuntamente se habrían señalado ante autoridades estadounidenses en el contexto de investigaciones relacionadas con el crimen organizado. Nada de esto ha sido probado ni confirmado, pero el solo hecho de que exista esa narrativa explica, en parte, la necesidad de una salida “ordenada” y políticamente funcional.
Más allá de rumores y desmentidos, el fondo es otro: el uso de una posición institucional para reacomodar fuerzas y proteger capital político. Resulta, cuando menos, cuestionable que quien presidía el principal órgano de negociación política del Senado decida abandonar esa responsabilidad justo al inicio de un nuevo periodo legislativo, sin asumir el costo de pedir licencia ni ofrecer un balance claro de los pendientes que deja, siendo una falta de respeto enorme a quienes votaron por el.
El mensaje es inquietante. La prioridad no parece ser el trabajo legislativo ni la conducción parlamentaria, sino la operación electoral anticipada. Adán Augusto no se va a fortalecer al Senado; se va a “hacer territorio”, a garantizar gubernaturas y a blindar mayorías. El Congreso, bajo esta lógica, queda reducido a una estación de paso.
La designación de Ignacio Mier como su relevo se presenta como un acto de unidad, acompañado de elogios y respaldo público. Pero la escena —el anuncio conjunto, el discurso terso, la bendición política— refuerza la idea de que el relevo es administrativo, no político. El control real sigue orbitando alrededor de quien decide cuándo salir y desde dónde seguir influyendo.
Que la cuarta circunscripción —Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Guerrero y Morelos— sea una de sus prioridades tampoco es casualidad. Ahí se concentra poder, votos y futuro. No es trabajo partidista altruista: es cálculo electoral puro.
Adán Augusto no renuncia al poder: lo redistribuye. No se aparta de la política: la adelanta. Y no se convierte en “un senador más”: se transforma en un actor itinerante, con libertad total y sin la carga institucional que él mismo decidió dejar atrás.
PEGA Y CORRE: La primera sesión extraordinaria del Consejo Estatal de Morena en Veracruz fue presentada como un ejercicio de organización y fortaleza partidista. No es un dato menor: el estado se convirtió en el primero del país en realizarlo. El mensaje, sin embargo, fue menos operativo y más simbólico: cerrar filas.
La gobernadora Rocío Nahle acudió como invitada de honor y colocó el eje del discurso en la unidad, la lealtad y el “no perder el rumbo” de la Cuarta Transformación, como un giño de la fractura con el Partido del Trabajo y en algunas cabeceras municipales con el Partido Verde. Ante militantes, dirigentes y alcaldes, celebró a un Morena “vivo y organizado en el territorio”, al tiempo que reforzó la idea de un deber moral con el pueblo.
El respaldo explícito a la presidenta Claudia Sheinbaum marcó el tono del encuentro. En un contexto internacional complejo, Nahle optó por la narrativa de estabilidad, buen gobierno y continuidad. Veracruz —dijo— vive una nueva etapa, con finanzas sanas, mayor seguridad y una lluvia de inversiones millonarias que refuerzan la idea de orden y confianza.
Pero el llamado insistente a la unidad también revela otra lectura: la preocupación por cualquier fisura interna. “Morena no tiene dueño”, afirmó la Gobernadora, una frase que, en política, suele decirse justo cuando el control y la disciplina son temas sensibles.
Esta columna se pública los lunes, miércoles y viernes.


