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Con especial dedicatoria

La Academia de Derecho Penal del Colegio Nacional de Abogados Foro de México, a inicios de este dos mil veintiséis, sólo desea recordar, que existe un símbolo dentro de la abogacía que necesariamente se debe de respetar. Se trata de la toga que deben de portar los impartidores de justicia. Desde antiguo, la abogacía reconoce, que la acción de la impartición de justicia se encuentra íntimamente vinculada con el uso de cierto ropaje y el manejo de ciertas enseñanzas.

En el interior de nuestra Suprema Corte de Justicia de la Nación, destaca una balanza, ella representa el equilibrio, ponderación, gratuidad, sobriedad, conocimientos y seriedad que debe de imperar en la justicia; existe también la bandera que define nuestra historia jurídica nacional; y retratos que identifican a insignes juristas patrios, así como también, a algunos corruptos y sumisos que fueron al Poder Ejecutivo Federal.

Dentro de la sobriedad de ese Palacio de Justicia, se debe de respirar humo de buen derecho y, se deben de magnificar las determinaciones que de allí salen ––cárcel o libertad, declaratorias de protección constitucional o nugatorias de ellas, y, tantas y tantas acciones de enorme trascendencia para los Estados Unidos Mexicanos—, en el referido recinto tienen suma importancia los ministros. Ellos se deben de vestir en consonancia con la elevada misión constitucional que se les ha conferido.

En la actualidad hay cierto impartidor e impartidora de justicia que piensan que es un disfraz que los ennoblece y les proporciona un cierto grado de notoriedad y conocimientos, los que les resultan muy útiles en ciertas circunstancias para enaltecer la figura de Andrés Manuel López Obrador y su Cuarta Transformación de la Nación.

La toga de un presidente ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación debe y tiene que ser sobria. En tiempos lejanos, para impartir justicia en ese sagrado recinto, para actuar como ministro en debates y vistas había que cumplir con el requisito de protocolo forense que consistía en guardar sala—. Esta exigencia como todos lo saben  —con lamentables excepciones— comprendía no sólo el uso de la toga, sino del traje negro bajo ella, camisa blanca y corbata, calcetines y zapatos negros. Esa manera de vestir era la lógica consecuencia de la toga y una medida de armonía, de buen gusto, conocimientos y seriedad.

Hoy la utilizan, algunos de ellos, portando vestimentas de rusticidad. La verdad es que en los actuares cotidianos de ese recinto, la vestimenta se ha desfigurado dando un aspecto folclórico. Hay algunos que hacen gala de un mal gusto, mezclando esa digna y sobria toga con detalles que la denigran. Incluso han impartido justicia portando mezclilla bajo esa toga.

En la actualidad esa forma de vestir y portar la toga no dignifica el ambiente de ese tribunal en sesión.

Es cuánto.