Habemus Papam
En unos cuantos días se estará acabando el misterio que representa la designación del nuevo Papa, el sucesor de Francisco.
Un mundo convulsionado será el que recibirá la designación del nuevo pontífice, quien tendrá el reto de cubrir el espacio dejado por el Papa Jorge Mario Bergoglio y dar inicio para la nueva era que él mismo tendrá que construir.
Sin embargo, este nuevo pontífice toma un liderazgo en una época difícil, en un mundo en crisis de valores morales donde la Iglesia Católica ha ido disminuyendo su presencia frente a las nuevas generaciones, alejadas de Dios y sumidas en un mundo materialista y consumista.
La crisis de vocaciones sacerdotales es evidente, pues los seminarios, -ese lugar donde se forman los nuevos pastores de la Iglesia-, cada vez recibe menos candidatos.
Quizá no se ha perdido la religiosidad totalmente entre las nuevas generaciones, -que siguen creyendo en la existencia de un Dios omnipresente-, pero han dejado de buscarlo en la liturgia de una religión que no ha evolucionado su lenguaje, y su narrativa quizá luce inentendible para la gente de hoy.
Simplemente el vocabulario utilizado hace referencia a símbolos de un mundo rural, como el que existía hace 2000 años, con palabras que hoy lucen desconocidas y por tanto carentes de significado.
Está faltando adecuar los mensajes a la nueva lingüística, de tipo urbano.
Antes hace tan sólo cien años, la mayoría de la población radicaba en “ámbitos rurales”, y hoy es una minoría la que está en el campo, pues las ciudades han ofrecido oportunidades laborales y generado una importante migración.
Palabras como “cayado”, “báculo”, “verbo” y otras más que representan conceptos en desuso, dificultan comprender un mensaje que lleva dos mil años replicándose.
Es un hecho que el castellano, -tan rico en significados-, y tan preciso en las connotaciones, ha ido disminuyendo su léxico, reduciéndose a unas cuantas palabras que cada vez adquieren más significados, lo cual disminuye su precisión, como sucede con el idioma inglés, totalmente funcional.
Si en el centro de la narrativa están los significados del mensaje, -y éste carece de significados-, entonces pierde su potencial persuasivo y deja de conectar emocionalmente.
En los años setenta, -hace más de cincuenta años-, en las universidades y más aún en las escuelas de comunicación, se hablaba de un estudio realizado por la UNAM para conocer el número de palabras utilizadas en esa época por el mexicano promedio y se concluyó que en nuestro país hace poco más de 50 años nos comunicábamos tan sólo con 350 palabras. Imaginemos cuantas palabras componen el léxico de hoy.
Si hoy la narrativa es fundamental, se vuelve necesario rescatar la capacidad de compartir este mensaje de un modo entendible, -primeramente-, y persuasivo.
Este es simplemente un reto funcional para que la Iglesia Católica continúe con su labor evangelizadora, pero hay otros más de tipo sociológico y antropológico.
Los retos para el próximo Papa son grandes. Encontrar como incidir en un mundo regido por la tecnología, violento y con tendencia a la frivolidad.
Sin embargo, debemos esperar al momento en que desde la chimenea vaticana de la Capilla Sixtina salga el humo blanco que significa “habemus papam” y descubramos su identidad.
¿A usted qué le parece?